Las aguas termales tienen numerosas propiedades terapeuticas ya conocidas desde tiempos remotos. Baste con recodar las termas romanas diseminadas por amplias zonas de la Península Ibérica.
Hoy en día todavía se aprovechan estas propiedades en muchos de los balnearios de nuestro país, aunque que cada vez con mayor frecuencia se ven complementados por una oferta de balnearios y hoteles spa que, sin disponer directamente de una fuente de aguas termales, son capaces de proporcionar avanzados tratamientos de hidroterapia basados en la tecnología.
Un sistema de hidromasaje spa consiste en una piscina más o menos grande en la que decenas de chorros de agua ( hidrojets fijos o rotatorios, micro hidrojets, etc.) controlados con precisión ofrecen un masaje continuado de efecto relajante por todo el cuerpo. La temperatura del agua suele ser un tanto elevada, habitualmente entre 35 y 37 grados, para dilatar venas y así favorecer la circulación sanguínea por todos los músculos, favoreciendo la recuperación de tejidos cansados o doloridos. Mientras tanto los chorros de agua y aire masajean dichos músculos relajándolos y favoreciendo la creación de endorfinas, un calmante del dolor completamente natural que genera nuestro propio cuerpo.
El hidromasaje spa es una evolución del clásico baño que se ha convertido en un tratamiento ideal para problemas derivados del estrés diario. Sus efectos no son inmediatos; es necesario prolongar el tratamiento en diversas sesiones de duración creciente. En caso de tener algún tipo de trastorno cardíaco o circulatorio conviene visitar antes a un especialista.
Gema [ 03/09/2006 14:46 ]