Una intervención de liposucción tiene una duración que suele rondar una o dos horas, aunque puede variar en función de la extensión de la operación y la zona a tratar. Inicialmente se realiza un pequeña incisión, de alrededor de un centímetro de longitud, para introducir la llamada cánula de liposucción, que no es más que un pequeño tubo hueco a través del cual se extraerá la grasa. Estas incisiones se procura que queden situadas en lugares poco visibles y siempre que sea posible aprovechando los pliegues de la piel.
La cánula se encuentra conectada a una jeringa o en ocasiones a una máquina especialmente diseñada para succionar. El cirujano encargado de la liposucción mueve la cánula de forma que va rompiendo el depósito de grasa situado bajo la piel que es extraído poco a poco mediante succión.
La gran ventaja de esta técnica es que la grasa eliminada no vuelve a aparecer siempre que la liposucción se lleve a cabo pasada la pubertad.